El Romance y el origen del flamenco

“Caminaba el conde Olinos
mañanita de San Juan,
a dar agua a su caballo
a la orillita de mar”

Esta semana el Rincón de Rondón se centra en los cantes por Romances y para ello es inevitable hablar de los orígenes del Flamenco.

Sin pretender dar clases de historia, porque la intención de este pequeño rincón es la de hacer que la gente sepa lo que escucha, a la hora de hablar del romance encuentro razonablemente necesaria una pequeña introducción para situarnos con un poco más de precisión.

El romance flamenco nace a partir del romance popular andaluz, donde a su vez, éste representa una forma más del romancero popular existente en la Península Ibérica. Pues bien, es ese romancero popular andaluz en combinación con las canciones ya existentes lo que provocan el origen del romance flamenco y el del Flamenco como tal.

De mediados del s. XIII a mediados del s. XV el romance deja de ser una forma coloquial del lenguaje y se constituye como una forma poética formada por una serie indefinida de versos octosílabos donde riman los pares en asonancia quedando sueltos los impares. Análogamente señalamos la aparición de las primeras familias gitanas unos 30 años antes de la reconquista del Reino de Granada por los cristianos en 1492. A pesar de no ser unánime la idea de que son los gitanos los que en uso de ese romance andaluz dan forma al romance flamenco, no se puede dudar de su participación en ella aunque haya autores que no le atribuyan el exclusivo mérito.

También son llamados Corridos o corridas, principalmente por los gitanos.

¡Vamos al cante!

Como origen del flamenco, el romance se constituye como fundamento de las Tonás, Martinetes, Deblas y Nanas. Es posteriormente, cuando se le da una forma más popular a ritmo de Bulería por Soleá, de la Caña o la Alboreá en un compás de 12 tiempos. Precisamente, es Antonio Mairena (sin duda el cantaor más enciclopédico con el que todos los aficionados al flamenco podemos contar) de quien tenemos la primera evidencia de este cambio en la forma de interpretarlo con el “Romance de Bernardo el Carpio” a mediados del siglo pasado. Cierto es que no suele interpretarse con frecuencia debido a su tonalidad un tanto repetitiva.

Como es costumbre, proponemos dos vídeos para dar un poco más de realidad a estas cosas que explicamos.

En este video Antonio Mairena nos ofrece un ejemplo de lo anterior, donde el cante se hace más bailable.

Ahora ponemos otro vídeo en el que canta el Alonso del Cepillo y Juana la del Cepillo con un estilo mucho más semejante a su forma primitiva, donde parecen estar recitando. Esta manera de interpretar el cante nos puede acercar más a hacernos una idea de lo que eran esos juglares en las plazas y puertas de los castillos recitando los cantares de gesta con hazañas de caballeros como “El cantar de Mío Cid”

Os recomiendo que escuchéis la “Magna Antología del Cante” donde encontraréis a otros cantaores como El Negro, además de los aquí citados Juana y Alonso del Cepillo, Agujetas el Viejo, Vallejo o Pericón también han sido autores destacados valiéndose de ellos en ocasiones para interpretar otros cantes.

¡Un abrazo a todos!

Pablo Rondón

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