El flamenco ha muerto

“Soleá
un día le oí decir
a un loco en su soleá,
que solo me encuentro aquí
porque dije la verdad
que no se puede decir”

Nostalgia:

La palabra “Flamenco” ya no existe, se ha devaluado con el tiempo, ya no es representativa. Cuando oía esa palabra evocaba en mí un sentimiento que se va desvaneciendo poco a poco. Cuando la oigo hoy, ya no evoca en mi olor a solera, a vino a tierra y mar, a costumbres, tradición y continuidad con una forma que creía inalterable. Esto no es una negación del paso del tiempo o del proceso evolutivo natural, sino una nostalgia feroz por esa forma arcáica o tradicional que caracterizaba ese arte nuestro.

Ya no existen esos conceptos de antaño como la pureza o lo jondo, ahora tiene menos jondura que un charco de lluvia que se desvanece con la evaporación propia del calor de un día de Agosto.

¿Quién? ¿Acaso queda algún referente de eso que antes se llamaba pureza? Todos los grandes, todos los puros, dónde están? Muertos sí, igual que lo que representaban tanto ellos como su cante, exceptuando a un hombre solitario cuya mayor afición es el campo, las mujeres, y cuyas únicas herramientas son sus manos y su garganta.

¿Acaso se escuchan esos discos que antes los aficionabas buscaban con ahínco? Eso no son ya ni siquiera reliquias, porque para que algo sea reliquia tiene que ser además de antiguo, apreciado.

Una taberna con unos cuantos amigos y algo de vino con finalidad de lubricar las gargantas gastadas, un lance por seguiriyas, por soleá, el quejido de la voz ronca de un viejo entonando un martinete… Eso ya no se lleva, no solo es que no se lleve sino que los que a sí mismo se autodenominan flamencos no lo han visto ni en los vídeos de Rito y Geografía del cante, ni tienen interés por conocerlo, pero son el nuevo flamenco…

Así es como se destruye este arte más que centenario, así es como se rompe con la forma que tantos años, personas y esfuerzos ha llevado perfeccionar y definir. Esto no debe ser tomado como un acto de coartar el cambio irremediable sino un intento de proteger la forma, los estilos, el conocimiento de las raíces, porque ¿Es posible acaso la creación sin una base técnica y teórica del origen?

Solo me gustaría darle el pésame a todos los buenos aficionados porque el cante Flamenco ha muerto.

Miguel Romero Torres.

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