La llave de la concordia

“Yo llegué a Triana
con mi borrachera
y en el Altozano
puse bandera”

No estaba por allí ni se le esperaba. Nacer lejos del triángulo flamenco suponía una clara desventaja para cualquier aficionado al cante grande siempre y cuando éste no fuese un superdotado. Además las circunstancias no acompañaban, una España raquítica poco podía ofrecer a un chiquillo de pueblo que apenas levantaba diez palmos del suelo. Por si fuese poco, la época dorada del flamenco venía dando sus últimos coletazos. Todo tiempo pasado parecía ser mejor.

Pasados los años en cambio, el destino da un giro inesperado para este arte universal. Se cuenta el año cincuenta y seis de mil novecientos y con la intención de evitar que el Concurso de Granada quede en el olvido se celebra la primera edición del Concurso Nacional de Arte Flamenco en Córdoba. Antonio Fernández Díaz, Fosforito (Puente Genil 1932), a pesar de no estar pleno de facultades, decide presentarse. Nace la leyenda.

A partir de ahí todo se agranda: Medalla de Andalucía, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, V Llave de Oro del Cante, Premio Nacional de Cante de la Cátedra de Flamencología de Jerez…

Su conocimiento, su jondura y su talento han puesto de acuerdo al mundo del flamenco. Más de veinte discos en el mercado y trece peñas con su nombre así lo atestiguan.

Fosforito, primero paz y después gloria.

@maaf86

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