Crónica de una muerte anunciada

“En esa luz estás tú
pero no sé donde estás,
no sé dónde está la luz”

Todo se vistió de negro luto aquella madrugada de principios de Septiembre en Jerez. El barrio de Santiago tan hecho al cante y a la risa quedó mudo de repente. No era para menos, Fernando Fernández Monje se había ido para siempre.

Tan horrible como previsible se antojaba el final de este artista legendario. Y es que a sus continuos problemas de salud se le unían un estilo de vida y una forma cantaora que parecía llamar a la muerte en cada tercio.

Cuando Terremoto de Jerez (Jerez de la Frontera 1934-1981)se quejaba por seguiryas, su inconfundible eco hacía presagiar que la peor de las suertes rondaba la esquina más cercana. Todo en ese instante era desasosiego, dolor, desesperanza, tragedia.
La muerte le llegó a los 47 años de edad, causa de un paro cardíaco el verano de 1981.Por tanto, cuando el gran genio de la literatura colombiana Gabriel García Márquez publicaba por primera vez Crónica de una muerte anunciada ese mismo año, no podía imaginarse que al otro lado del Atlántico el mundo del flamenco se estremecía por la marcha de uno de los cantaores jerezanos más valiosos de la última mitad del siglo XX, Terremoto de Jerez, y que en ese fatídico momento, la realidad superaba la mejor de las ficciones.

@maaf86

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