El porvenir de Chocolate

“Sentadito en la escalera,
esperando el porvenir
y el porvenir que no llega”

A los seis años, Antonio Núñez Montoya dejó su Jerez natal para asentarse en Sevilla. El Porvenir ya le estaba esperando con sus callejuelas, sus esquinas, su iglesia de San Sebastián y su Torre del Agua. También lleno de pobreza, de partidos de fútbol, guerrillas callejeras y mucho, mucho flamenco.

A Antonio le esperaba el Porvenir con las manos abiertas, con las tertulias de la Alameda, con Pastora y Tomás Pavón, Pepe Pinto y el Bizco Amate. Discípulo directo éstos, Chocolate (Jerez de la Frontera 1930-2005) fue un cantaor completísimo, gran conocedor de los palos que conforman el arte flamenco. De entre ellos encontró sus mejores aliados en la seguiriya, la soleá y el fandango, a los que le imprimía, dios mío de mi alma, toda su jondura.

Giraldillo del cante, Premio Nacional a la Maestría Flamenca de la Cátedra de Flamencología de Jerez, Premio Ondas y Grammy Latino, Chocolate nos dejó un patrimonio incalculable, un manantial donde poder disfrutar de la pureza y la profundidad del flamenco más ortodoxo.

Antonio Núñez murió en 2005. Los aficionados aún echamos de menos a Chocolate, aquel niño al que el Porvenir le deparaba cante y gloria.

@maaf86

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