Etiquetado: Bernarda de Utrera

Super hermanas

“Los mimbres del río
gimen con Bernanda,
la Alhambra lloraba
cantando Fernanda”

Aunque lo merezcan por su importancia y trascendencia, no vamos a hablar hoy de Santa Justa ni Rufina, aquellas hermanas que ayudaban al prójimo en los tiempos romanos de Hispalis. Tampoco trataremos de las Bolena, que tantos quebraderos de cabeza dieron al mismísimo Enrique VIII o de las hermanas Mirabal, tan necesarias en la historia del pueblo dominicano.

Podríamos hablar quizás de las hermanas Estefanía y Elvira Nazareno, fundadoras de la ciudad de Dos Hermanas pero nuestro post de Imprescindibles va dedicado a las hermanas Jiménez Peña, naturales de Utrera. La Fernanda (Utrera 1923-2006) y la Bernarda (Utrera 1927-2009).

Voces rotas y gitanas, llenas de flamencura. Imperecederas. Inconfundibles.

Porque para que se nos rompa el amor de tanto usarlo es necesario saber de la Bernarda por bulerías o de la Fernanda por soleá.

Juntas desde, por y para siempre, debutaron de la mano del maestro Antonio Mairena y se comieron el mundo a base de jondura y sentimiento.

Medalla de Oro al Mérito en Las Bellas Artes y Premio Nacional de Cante de la Cátedra de Flamencología de Jerez de la Frontera, estas nietas del Pinini tienen sello propio, conocimiento y vivencias que trasmiten en su cante, lleno de corazón y sensibilidad.

Así son las hermanas de Utrera y del Flamenco. La Fernanda y la Bernarda.

Cante en vena, sin aditivos.

@maaf86

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Lord and Master Diego and Mrs María

“Esta calle qué tendrá,
siempre por la misma calle
sabiendo de muchas más”

Corrían los años 60 y en la gris Andalucía franquista se desarrolló un movimiento cultural sin precedentes. La sed de flamenco por parte de los extranjeros era insaciable y la coyuntura social, idónea para sus intereses. La extrema pobreza de la época permitía a los forasteros mantener un buen nivel de vida “al cambio” y preocuparse solo de satisfacer sus inquietudes culturales, mientras obligaba a los maltrechos oriundos a regalarle el oído al primer interesado que rondase por allí por no más cuatro duros, ya fuese de Estados Unidos, de Japón o de la Conchinchina. Para colmo, estaba Diego.

Diego del Gastor (Arriate 1908-1973) fue la piedra angular sobre la que giró aquel interesantísimo intercambio social. Su toque genial, único, sobrado de talento y compás regalaba el duende a manos llenas a todos los aficionados que tuviesen la suerte de conocerlo. Además, su antipatía por el flamenco comercial lo llevó a despreciar cualquier propuesta de grabación, por lo que la única manera de disfrutarlo era desplazándose a Morón de la Frontera.

Estas circunstancias hicieron que los patios, cortijos y calles de la zona fuesen testigos de multitud de juergas y reuniones, todas ellas financiadas por extranjeros, en las que personas de las regiones más lejanas se hermanaron con el flamenco como telón de fondo. La Fernanda y la Bernarda, Joselero y Manolito de María fueron excelentes maestros de ceremonia, siempre acompañados por Diego del Gastor, “Lord and Master” del toque de Morón.

Producto de esa mezcla tan heterogénea nace María la Marrurra, Moreen Silver . Esta singular estadounidense se convirtió en el ojito derecho de  Juan Talega y Melchor de Mairena, llegando a aparecer incluso en un capítulo de Rito y Geografía del Cante. Su amor por el “flamenco puro” pudo con todas las fronteras.

Ya veis, eran los años 70 y el flamenco ya era universal. Qué pena que tardásemos tanto tiempo en descubrirlo.

@maaf86