Etiquetado: Pepe Pinto

Master chefs de lo jondo

“Échale guindas al pavo,
que yo le echaré a la pava
azúcar, canela y clavo”

Que la música alimenta el alma lo saben hasta los ingleses: “Músic feeds the soul”.

“La música es una necesidad más como el agua, la comida, el aire o la calefacción”. Lo dijo el bueno de Keith Richards y a ese sí que no nos atrevemos a contradecirlo (God Save The King).

Pero claro, siendo bienes necesarios todos ellos no proporcionan la misma utilidad al consumidor, sirva de ejemplo el agua Solán de Cabras, que siendo agua igual que aquella que sirven en los paradores turísticos de Punta Cana, se disfruta mucho más. O una ración de calamares frescos, que en su óptimo punto de fritura aportan mucha más satisfacción que los calamares congelados de cualquier supermercado. Por tanto, la calidad resulta muy importante aunque tanto lo más como lo menos bueno nos hagan el avío.

De la misma forma, es evidente en temas culinarios que la mano que mece la cuna resulta primordial para convertir la materia prima en obra de arte (de esto último, Michelín y sus estrellas saben mucho).

Pues bien, en el flamenco pasa lo mismo. Están los ingredientes (soleares, fandangos, zambras), los instrumentos de trabajo (voz, oído, extremidades) y los intérpretes. Quizás estos últimos sean los más importantes a la hora de construir el cante grande. Maestros, que al igual que sus compañeros de fogones, sean capaces de sazonar, deconstruir, salpimentar o darle su punto a cada tercio para que la obra final resulte embriagadora, necesaria, sublime.

De preparar y enriquecer el cante sabían, casi más que nadie, nuestros protagonistas del artículo de hoy: Manuel Ortega Juárez y José Torres Garzón. Manolo Caracol (Sevilla 1909-1973) y Pepe Pinto (Sevilla 1903-1969) para más señas.

Genios y figuras de la época de oro del flamenco, artistas predominantes de la época. Sevillanos de pura cepa, con todo lo bueno y malo que ello conlleva. Grandes conocedores y señoriales. Pero sobre todo Cantaores.

Cantaores con regusto y paladar, de alta escuela. Con sabor andaluz exquisito. Etiqueta negra, denominación de origen.

@maaf86

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Lola

“Mi niña no tiene cuna
su pare es carpintero
le va a hace´una” 

Acuná en una nana sobre el compás de la Soleá… Así mi padre y su  bello desafine ponían en jaque mi desvelo de niña.

Siempre anduvo con una coplilla flamenca en la boca haciéndola suya y mía, que de genética me viene que hoy mis hijos sean espectadores de aquellas nanas en la busca del sueño.

“Quién le ha pegao
que los ojitos tiene
de haber llorao”

 Lola, así me llamó hasta su último día, muy a su pesar del nombre con el que me inscribió en el registro civil.

 ”Mi niña Lola” decía, y entonaba simulando la voz de Pepe Pinto aquella estrofa…

“Cuéntale a tu padre
lo que a ti te pasa,
dime lo que tienes,
reina de mi casa”

“Mi niña Lola,
mi niña Lola;
mientras que viva tu padre
no estás en el mundo sola” 

Aquel sonsonete sobre la mesa a compás, y el tarareo durante un “chapú” en casa.

Y es que su recuerdo cobra vida en este rincón cada vez que me siento a escribir.

Es por Él “La Flamencura de Lola”

(A mi padre, a sus cantes).

LS

Homenaje a Pepe Pinto

“Fue tan grande mi sorpresa
que al verme solo y sin ti
creí perder la cabeza”

Tributo a Don José Torres “Pepe Pinto” Cantaor sevillano marido de “la Niña de los Peines”.

Tras recitar a las madres con cante por soleá y fandangos, ahora escuchamos unos fandangos de un gusto insuperable.

Pablo Rondón