Etiquetado: romance

Un amor en cada puerto

“Cañaíllas y bocas
de San Fernando,
y un vino chiclanero
para rociarlo”

Qué difícil no dividir el corazón en miles de pedazos con la intención de sentir al máximo las ofrendas expuestas, inaccesibles en otros paraderos y aquí cercanas y reveladoras. Casi tanto como no entregarse por completo ante cada una de las virtudes ofrecidas, o tener que elegir teniendo la oportunidad de disfrutarlas todas…

Los puertos de la costa gaditana, tan variados en forma pero tan similares en fondo. Desde Sanlúcar de Barrameda hasta Barbate, con su niño, unidos por el denominador común del arte flamenco. Derrochando vino y luz a cada instante. Cada uno a su gusto pero a la vez tan de el de todos. Misterios de la tierra…

En estas coordenadas cabales tenemos tantos artistas que resulta imposible nombrarlos a todos, por lo que os rogamos que en los comentarios añadáis a aquellos que echéis en falta.

Tan solo de la tierra de Alberti, el Puerto de Santamaría, podríamos citar a Tomás el Nitri, primera llave de oro del cante, Pansequito, el baile majestuoso de La Coquinera, José el Negro o Alonso y Juana del Cepillo, sin olvidarnos de la impronta que dejaron los aires del puerto en seguiriyas, tonas, romances, tangos o cantiñas…

Y qué decir de la isla de San Fernando, donde nació el genio de Camarón, Sara Baras, Chato de la Isla, la Niña Pastori o el joven bailaor David Nieto. O de Chiclana, templo flamenco, donde por arte de magia se han juntado Rancapino padre e hijo y el regustazo de Antonio Reyes.

De Canalejas o Paloma Fantova en Puerto Real a Chipiona con Samuel Serrano, tan joven y tan viejo, sin olvidarnos de la más grande, Rocío Jurado. Y de ahí a Sánlucar de Barrameda con su dinastía de tocaores encabezada por Manolo, Ramón Medrano, la Mica y sus primas las Mirris, constructoras de cantiñas y caminos, María Vargas o Laura Vital…

De ahí otra vez al Puerto,
por el carril,
ese que habían hecho las Mirris,
de ir y venir

Y así sucesivamente… !Y que dios nos bendiga!

Rancapino hijo, Antonio Reyes y Rancapino

Agujetas el viejo, el Negro y Dolores la del Cepillo

@maaf86

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El Romance y el origen del flamenco

“Caminaba el conde Olinos
mañanita de San Juan,
a dar agua a su caballo
a la orillita de mar”

Esta semana el Rincón de Rondón se centra en los cantes por Romances y para ello es inevitable hablar de los orígenes del Flamenco.

Sin pretender dar clases de historia, porque la intención de este pequeño rincón es la de hacer que la gente sepa lo que escucha, a la hora de hablar del romance encuentro razonablemente necesaria una pequeña introducción para situarnos con un poco más de precisión.

El romance flamenco nace a partir del romance popular andaluz, donde a su vez, éste representa una forma más del romancero popular existente en la Península Ibérica. Pues bien, es ese romancero popular andaluz en combinación con las canciones ya existentes lo que provocan el origen del romance flamenco y el del Flamenco como tal.

De mediados del s. XIII a mediados del s. XV el romance deja de ser una forma coloquial del lenguaje y se constituye como una forma poética formada por una serie indefinida de versos octosílabos donde riman los pares en asonancia quedando sueltos los impares. Análogamente señalamos la aparición de las primeras familias gitanas unos 30 años antes de la reconquista del Reino de Granada por los cristianos en 1492. A pesar de no ser unánime la idea de que son los gitanos los que en uso de ese romance andaluz dan forma al romance flamenco, no se puede dudar de su participación en ella aunque haya autores que no le atribuyan el exclusivo mérito.

También son llamados Corridos o corridas, principalmente por los gitanos.

¡Vamos al cante!

Como origen del flamenco, el romance se constituye como fundamento de las Tonás, Martinetes, Deblas y Nanas. Es posteriormente, cuando se le da una forma más popular a ritmo de Bulería por Soleá, de la Caña o la Alboreá en un compás de 12 tiempos. Precisamente, es Antonio Mairena (sin duda el cantaor más enciclopédico con el que todos los aficionados al flamenco podemos contar) de quien tenemos la primera evidencia de este cambio en la forma de interpretarlo con el “Romance de Bernardo el Carpio” a mediados del siglo pasado. Cierto es que no suele interpretarse con frecuencia debido a su tonalidad un tanto repetitiva.

Como es costumbre, proponemos dos vídeos para dar un poco más de realidad a estas cosas que explicamos.

En este video Antonio Mairena nos ofrece un ejemplo de lo anterior, donde el cante se hace más bailable.

Ahora ponemos otro vídeo en el que canta el Alonso del Cepillo y Juana la del Cepillo con un estilo mucho más semejante a su forma primitiva, donde parecen estar recitando. Esta manera de interpretar el cante nos puede acercar más a hacernos una idea de lo que eran esos juglares en las plazas y puertas de los castillos recitando los cantares de gesta con hazañas de caballeros como “El cantar de Mío Cid”

Os recomiendo que escuchéis la “Magna Antología del Cante” donde encontraréis a otros cantaores como El Negro, además de los aquí citados Juana y Alonso del Cepillo, Agujetas el Viejo, Vallejo o Pericón también han sido autores destacados valiéndose de ellos en ocasiones para interpretar otros cantes.

¡Un abrazo a todos!

Pablo Rondón